Depósito para reservación, lo que de verdad aparta el lugar
Un depósito para reservación es el dinero que hace que un horario deje de estar disponible para los demás. No lo fijes por lo que cuesta el servicio, sino por lo que tardas en volver a llenar esa hora.
Ulises renta dos canchas de fútbol 7 en Reynosa. Su hora más cara es la del sábado a las ocho de la noche: $700, y se aparta desde el martes. El sábado pasado, a las seis, le llegó un mensaje: “oye, ya no vamos a poder, nos falló gente”.
No se enojó por los $700. Se enojó porque a las seis de la tarde ya no le da tiempo de conseguir a nadie más. Un pedido perdido lo vuelves a vender mañana. Una hora perdida, no.
Un depósito para reservación es el dinero que el cliente paga para que su horario deje de estar disponible para los demás. No es un extra ni una multa: se descuenta de lo que va a pagar al final. Lo que cambia no es el precio, es quién carga con el riesgo de la hora vacía.
¿En qué se diferencia de un anticipo?
Un anticipo cubre algo que ya compraste. El tapicero pide la mitad porque con eso paga la tela, y si el cliente se arrepiente, la tela ya está cortada.
Aquí no hay tela. Ulises no gasta un peso por apartar un sábado. Lo que pierde cuando le cancelan es la hora misma: existió, nadie la usó, y no hay forma de venderla después.
Por eso la cuenta es distinta. Un anticipo se calcula sobre un costo. Un depósito se calcula sobre el tiempo que necesitas para volver a llenar el lugar.
¿Por qué no basta con que el cliente diga que sí?
Porque un “sí” por WhatsApp no ocupa nada. Ulises lo aprendió tres veces el mismo mes: apuntaba el nombre en su libreta, le decía que no a otros dos, y el viernes el primero desaparecía.
En una página hecha con Proyecta el horario funciona al revés, y esto es lo importante: el lugar se aparta en el momento en que entra el dinero, no cuando alguien llena el formulario. Mientras el pago no se confirma, el horario sigue apareciendo libre para todos los demás. Alguien que abandona el checkout a la mitad no te bloquea nada, y si dos personas van por la misma hora, sólo una la obtiene — a la otra el sistema le devuelve su pago en automático.
Es un cambio chico en el orden de las cosas y te quita el problema entero: dejas de tener horarios apartados por promesas.
¿De cuánto debe ser el depósito para reservación?
No busques un porcentaje. Busca el número que hace que avisarte salga más barato que desaparecer.
Piénsalo desde el cliente. Cancelar contigo cuesta pena: hay que escribir el mensaje, dar la explicación, quedar mal. Si perder el depósito duele menos que esa pena, no te va a avisar; te va a dejar ahí. El depósito sirve cuando cambia ese orden.
Ulises cobra $200 de los $700. Es suficiente para que le escriban el jueves en vez de dejarlo plantado el sábado, y bastante poco como para que nadie deje de apartar por eso. Cuando le subió a $350 en la temporada alta, no bajaron las cancelaciones: bajaron las reservaciones.
Sabes que le atinaste cuando nadie te discute el monto y las cancelaciones llegan con días de sobra.
¿Hasta cuándo puede cancelar sin perderlo?
Ésta es la parte que casi todos se saltan, y es la que de verdad te protege. Un depósito sin fecha límite no es una política, es una esperanza.
La regla es directa: tu plazo tiene que ser por lo menos el tiempo que te toma volver a llenar el horario. Ulises tarda como un día — lo pone en el grupo del barrio y alguien lo agarra. Entonces su plazo es 24 horas: si cancelas antes, el depósito se te pasa a otro día; después, se queda.
Ese plazo se lleva bien con el recordatorio que la página le manda solo al cliente 24 horas antes de su horario, una sola vez. Ulises lo acomodó así a propósito: el recordatorio llega justo en el último momento en que todavía puede cancelar sin perder nada. El que ya no va a ir, lo dice ahí. Y ahí todavía te sirve.
¿Qué pasa si de plano no llega?
Que quede escrito. En la agenda de Proyecta una cita que ya pasó se cierra en uno de dos estados — se cumplió, o no se presentó — y el que no llegó no puede borrar ese registro desde su cuenta. Puede cancelar antes; una vez que el horario pasó, ya no toca el historial.
Suena a detalle técnico y es lo contrario. Es la única forma de saber, en tres meses, si el problema son “los clientes” o son cuatro personas repetidas. Ulises tenía nueve horas caídas en un mes; cinco eran del mismo equipo. A ése le empezó a cobrar la hora completa por adelantado. A los demás no les cambió nada.
¿Cómo lo pones en tu página?
Lo describes. Algo así: “una página para rentar mis dos canchas por hora, que cobre $200 de depósito para apartar y me avise cuando alguien reserve”.
De ahí sale un horario real, publicado, con su link. El depósito para reservación se configura sobre el servicio como un porcentaje o como una cantidad fija — una de las dos, no las dos juntas — y el resto queda como saldo pendiente: si la hora son $700 y el depósito $200, el sistema sabe que faltan $500, sin que tú lleves esa cuenta.
Y cuando el depósito entra, la reservación queda confirmada en ese momento. No hay un segundo paso donde tú tengas que aprobar nada.
¿Qué no va a hacer la página por ti?
Dos cosas, y más vale saberlas antes.
La fecha límite la pones tú, con palabras. El sistema no va a decidir solo si un depósito se devuelve, se pasa a otra fecha o se queda. Escribe tu regla en un renglón, junto al precio, antes de cobrar: “cancela con más de 24 horas y tu depósito se pasa al día que quieras; después de eso, se queda”. Es la conversación más incómoda del negocio y se resuelve una vez, por escrito.
Y lo que pasa afuera de la página sigue siendo tuyo. Si te apartan por teléfono y te pagan en efectivo, ahí no hay depósito que valga: hay un acuerdo de palabra, que es exactamente lo que estabas tratando de dejar atrás.
Cuenta las horas, no los clientes
Abre tu agenda de la semana pasada y marca cada hora que quedó vacía porque alguien canceló tarde o no llegó. No cuentes personas ni cuánto te deben. Suma las horas.
Ese número es lo que te está costando no pedir depósito — y es el mismo número que no aparece en ningún lado, porque una hora vacía no genera ni una queja.
Cuando quieras probarlo, descríbelo en Proyecta y publícalo. Tu horario del sábado deja de depender de que alguien se acuerde.