Anticipos: cómo cobrar la mitad antes de empezar el trabajo

Un anticipo es la parte del precio que tu cliente paga antes de que empieces. Fíjalo con una sola regla: que cubra por lo menos el material, porque ése es el dinero que ya no recuperas si se arrepiente.

Ismael tiene una tapicería en Mexicali. Viste salas, restaura sillas de comedor y le cambia la vestidura a los asientos de camioneta. Nunca había pedido un anticipo: le daba pena, y siempre pensó que el trabajo se cobra cuando se entrega.

Un martes llegó una señora con la foto de una sala de tres piezas, escogió una tela de las buenas y quedaron en $9,800. Ismael se fue a comprar los 14 metros de esa tela —la que ella escogió, en el color que ella escogió— y ahí se quedó. La señora dejó de contestar.

Tres semanas después seguía con la tela en el taller, una tela que nadie más pidió en un color que a nadie más le gustó, y con la sala de otro cliente esperando porque esa semana ya estaba apartada. No le robaron. Nada más empezó a trabajar antes de que le pagaran nada.

¿Qué es un anticipo y en qué se diferencia de un apartado?

Un anticipo es la parte del precio total que tu cliente paga antes de que empieces, y que se descuenta de lo que te va a pagar al final. No es un extra ni una propina: es un adelanto de su propio dinero.

No es lo mismo que apartar una fecha. Cuando un salón cobra por guardarte un sábado, está vendiendo un lugar en el calendario. Aquí estás financiando el arranque: la tela, la madera, el material que compras hoy para poder entregar en dos semanas.

Esa diferencia importa porque cambia el monto. Una fecha se aparta con lo que duela lo suficiente para que no te cancelen. Esto otro se cobra con un número que sale de una cuenta.

¿Cuánto anticipo debes pedir?

La regla es corta: tiene que cubrir por lo menos lo que ya no puedes recuperar si el cliente se arrepiente. En casi todos los oficios, eso es el material.

Haz la cuenta al revés. En el trabajo de $9,800, la tela y los materiales le salen a Ismael en $3,600. Ese 37% es su piso. Pedir 30% lo deja abajo del costo; pedir 50% lo deja cubierto y con algo del tiempo pagado. Por eso “la mitad” funciona en tantos giros: no es costumbre, es que casi siempre queda arriba del material.

Tres casos donde conviene subirle:

  • El material se personaliza. Tela cortada, madera a la medida, algo con el nombre o el logo del cliente. En el momento en que se corta, ya no se lo puedes vender a nadie más.
  • El trabajo es largo. Si te va a ocupar dos semanas, no estás financiando nada más el material: estás dejando de tomar otros trabajos.
  • El cliente es nuevo y llegó de internet. No es desconfianza. Es que no tienes nada con qué medirlo.

Y uno donde conviene bajarle o no pedir nada: trabajos de un día, con material que ya tienes en el taller. Cobrar $300 por adelantado te cuesta más plática de lo que te protege.

¿Por qué la mitad y no todo?

Porque pedir el 100% por adelantado te pone en el mismo renglón que la gente que estafa. Es literalmente lo que hacen: cobran completo, no entregan, desaparecen. Tu cliente ya lo vio en Facebook y no tiene con qué distinguirte.

Y hay una razón que te conviene a ti: el saldo pendiente es lo que hace que te contesten el día de la entrega. Un trabajo pagado al 100% se recoge cuando se acuerdan. Uno con la mitad pendiente se recoge el viernes.

¿Qué pasa si el cliente se arrepiente?

Esto se contesta una vez, se escribe en un renglón y se dice antes de cobrar — no después, cuando ya hay coraje de los dos lados:

El anticipo cubre el material. Si cancelas antes de que lo compre, se te regresa completo. Si ya lo compré, se queda o te lo paso a otro trabajo dentro de los siguientes tres meses.

Es justo, se entiende a la primera y te quita la peor conversación del oficio. Fíjate que no dice “no hay devoluciones” —eso suena a letra chiquita— sino qué pasa exactamente en cada caso, que es lo que la persona de verdad quiere saber.

¿Cómo lo pides sin que suene a desconfianza?

No lo expliques como una protección tuya. Explícalo como lo que hace que su trabajo empiece.

Ismael ahora lo dice así: “Con el anticipo compro tu tela y aparto la semana. El resto me lo das cuando te la entrego.” Nadie se ofende con eso, porque no está pidiendo una garantía: está diciendo qué se compra con ese dinero.

Lo que sí incomoda es pedirlo a medio trabajo, o cobrar distinto cada vez. Si el porcentaje está publicado en tu página junto al precio, deja de ser un favor que pides y se vuelve cómo trabajas.

El comprobante: los seis datos que debe traer

Cuando te caiga el adelanto, contesta por escrito. Siempre lo mismo, siempre estos seis:

  1. Qué trabajo es, con la medida o la descripción exacta.
  2. El precio total.
  3. Cuánto pagó y cómo.
  4. Cuánto queda pendiente.
  5. Cuándo se entrega.
  6. Qué pasa si cancela.

Ese mensaje es el que evita el “es que tú me dijiste” tres semanas después. Si tu página lo cobra, el correo sale solo con esos datos y ya no depende de que te acuerdes de escribirlo.

Descríbelo y que lo cobre tu página

Esto es lo que Ismael escribiría en Proyecta, tal cual:

Una página para mi tapicería en Mexicali. Que muestre los trabajos que ya hice con su foto y su precio, y que el cliente pueda pagar el 50% de anticipo con tarjeta o por transferencia para que yo arranque. Que me llegue un correo con su nombre, teléfono, qué trabajo es, cuánto pagó y cuánto queda. Y que la página diga que ese dinero cubre el material y qué pasa si cancela.

De ahí sale una página publicada, con su liga, que ya cobra. Sin mandar tu número de cuenta otra vez y sin perseguir capturas de pantalla a las once de la noche.

Empieza por el trabajo que se te cayó

Piensa en el último cliente que te dejó colgado a media chamba y contesta una sola pregunta: ¿cuánto dinero tuyo ya estaba metido en ese trabajo el día que dejó de contestar?

Ése es tu número. No lo saques de lo que cobra el de junto ni de lo que se oye bonito. Sácalo de ahí, porque ése es el hoyo que estás tapando.

Cuando quieras verlo funcionando, descríbelo en proyecta.dev y publícalo.